"¿Quieres ser feliz un instante? Véngate. ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona". - Henri Lacordaire
Una pequeña ofensa puede compararse con una herida superficial; ésta sana y se regenera pronto, casi sin dejar rastro. Pero las heridas profundas tardan en sanar; a veces se infectan y generan pus, como el mismo resentimiento nos carcome el alma cuando no perdonamos. Para sanar, la herida tiene que supurar; la piel se regenera y al final queda una cicatriz. Son esas marcas las que nos recuerdan el dolor que sufrimos; lo que aprendimos de ese dolor es lo que nos hace crecer. Perdonar no es olvidar, es recordar sin dolor.
